
Leo Masliah ataca de nuevo. Dispuesto a no dejar cabeza con títere en el campo de la lógica y la gramática estructural asesta una nueva colección de cuentos que sólo contribuirá a dos cosas:
1) acrecentar el fanatismo de quienes lo adoran y consideran que es un dios y un ídolo de la música y de las letras y
2) alimentar el desagrado de quienes lo aborrecen y no soportan su asedio a la razón escrita y a las armonías tradicionales. A los neutrales, si todavía los hay, los divertirá sin duda, hasta volcarlos al campo de los adictos.
Y para éstos, malas noticias: todavía no hay drogas para controlar la Masliah-dicción.
El show de José Fin es una novela de ambigüedades, de cosas que son pero no son, de gente que es pero que no es, de hechos que acontecieron pero dejaron, no de acontecer, sino de haber acontecido.
En este libro de cuentos, el ingenio se suelta hasta lo inverosímil: una narración (con sentido) en la que se usan únicamente palabras que comienzan con cuatro de las veintisiete letras del alfabeto.
La Historia transversal de Floreal Menéndez puede ser considerada como una suerte de novela o como una desgracia literaria o como la puesta en práctica de una disposición narrativa un tanto inestable.
También puede hablarse de una historia que no transcurre hacia adelante en el tiempo, sino hacia un costado. Sería un poco ocioso, sin embargo, explicar aquí cuál es ese costado, ya que el basamento teórico-científico necesario a tales efectos requeriría una escritura en relieve y eso puede ocasionar al lector algunos inconvenientes en la verticalidad de los restantes libros de su biblioteca.
Si hasta ahora podía decirse que Maslíah era un cantautor que escribía libros además de canciones, con la aparición de esta nueva novela ya puede afirmarse que es un escritor que canta. Que canta y cuenta y es cada vez más considerado -justificadamente- como principal representante del insólito estilo que creó.
Tras la publicación de cinco novelas y cuatro libros de cuentos, ya nadie duda en considerar a Leo Maslíah un narrador. Lo que todavía resulta imposible es adscribir la polifacética prosa del cantautor uruguayo, a una corriente literaria determinada. Los nombres de Lewis Carroll, Edward Lear, Ionesco y Boris Vian -entre los extranjeros- y el de Felisberto Hernández, entre los latinoamericanos, se mencionan por igual, sin terminar de decidir quien es el principal responsable del disparatado y desopilante estilo (¿estilos?) de Leo.
Leo Maslíah, con su característico humor apoyado en el sarcasmo y la hipérbole: sentidos figurados que son interpretados literalmente y llevados hasta el extremo del sinsentido en donde toda lógica prueba su absurdo.
Con los personajes, dibujos, y textos de los libros de Gaturro de Nik.
Con los personajes, dibujos, y textos de los libros de Macanudo de Liniers.
Con los personajes, dibujos y textos de los libros de Mafalda de Quino.
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