
Nada más curioso que la disputa entre dos amantes, cuando culmina en un desencadenamiento de la pasión amorosa. Y cuanto más violenta haya sido, más sensual parecerá su epílogo.
Aun cuando los amantes reconozcan que se dejan llevar por sus inclinaciones belicosas para concluir tan libidinalmente, no parecen dispuestos a privarse de esta entretenida costumbre.
Nada los divierte más que observar este tipo de escenas en parejas cercanas, en la literatura o en el teatro. Pero cuando el demonio de la cólera se apodere de ellos, estallarán nuevamente sin la menor distancia. ¿Qué tienen de gracioso estas situaciones, al menos cuando conciernen a los demás? Probablemente su conclusión, tan contraria a sus premisas, es lo que justifica la denominación de tragicomedia, cuyo primer acto suele bordear la catástrofe.
¿No es acaso lo que caracteriza al amor la exacerbación violenta del deseo gracias a un subterfugio? Este es uno de los principales ejes de esta obra, en la que el autor recorre el campo de la vida sexual tal como fuera bosquejado por Freud.
La duplicidad del padre (hombre y marido, pero siempre ser sexuado) es aquí el origen del síntoma de cada uno de los dos sexos. Renunciando a toda jerga, el autor eligió un estilo literario pleno de seducción en un libro que se dirige a un público amplio y no sólo a los especialistas.
Con los personajes, dibujos, y textos de los libros de Gaturro de Nik.
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